Estiman en US$ 100 billones valor del regalo nativo que recibió el Papa Francisco

 

El regalo que ofrecieron al Papa Francisco los integrantes de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), durante su reciente visita a Puerto Maldonado, tiene un valor simbólico de más de US$ 100 billones.  

 

La escultura que recibió el Papa es una pieza simbólica que contiene madera, agua, tierra, y oro, elementos que representan recursos que provee el bosque, y que día a día son amenazados.

 

El obsequio representa lo que los bosques Amazónicos nos dan a la humanidad, así como la labor que realizan los pueblos indígenas originarios al cuidarlos. 

 

El valor de restaurar la Amazonía y de los territorios por los que luchan los pueblos originarios, sumado a los miles de millones de dólares que se necesitan para reparar todo el daño social y ambiental que se genera, son difíciles de calcular.

 

Sin embargo, algunos especialistas estiman que reforestar más de 60,000 hectáreas solo en Madre de Dios sobrepasaría los 100 billones de dólares.

 

Los pueblos indígenas amazónicos son los ‘guardianes’ originarios de la Amazonía que nos proveen de regalos de valor incalculable a la sociedad, como el agua, el aire puro, un clima regulado, comida y hogares para miles de especies de animales únicos. 

 

A través de este obsequio, los pueblos indígenas invitaron al Papa a ser un guardián del planeta y de la Amazonía. 

 

“A través de este presente resaltamos nuestro rol como comunidades indígenas y como guardianes originarios de la Amazonía que tenemos la misión de asegurar la conservación de la biodiversidad y un territorio integral”, afirmó Julio Cusurichi, líder de Fenamad y premio Goldman a los Defensores de la Naturaleza y del Medio Ambiente.

 

La tala ilegal y la minería indiscriminada entre otros están afectando los derechos de los pueblos amazónicos. Las comunidades indígenas dependientes del agua y de los peces para su alimentación son vulnerables a la contaminación por mercurio. 

 

“Esta escultura cobra una relevancia única en el mundo, ya que más allá de ser una pieza escultórica, es la realidad que vivimos más de 10,000 personas de siete pueblos indígenas que luchamos por nuestros derechos y promovemos modelos de desarrollo armónicos con el medio ambiente, que nos permitan una mejor vida”, expresó Cusurichi.